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Opinión
Diego vicente Tejera y el socialismo cubano Fecha: 2009-04-06 Fuente: CUBARTE
Diego vicente Tejera y el socialismo cubano
Diego vicente Tejera y el socialismo cubano
Diego Vicente Tejera, intelectual cubano de la segunda mitad del siglo XIX, quien en su condición de reformador social se calificó a sí mismo como socialista porque así trabajo por el bien de un mayor número de hombres, es otro de los revolucionarios que aportó coherencia histórica a la instauración del socialismo en Cuba, en tanto sus ideas tuvieron expresión en la fundación del Partido Socialista Cubano en 1899.

Tejera, poeta y prosista de reconocidos valores nacido en Santiago de Cuba el 20 de noviembre de 1948, como otros intelectuales cubanos vinculó su creación literaria a la vida social hasta hacerla parte de la lucha revolucionaria.

Su patriotismo creció a su paso por la escuela y por la vida. La influencia y conocimientos adquiridos en Cuba, Suramérica, Europa y Estados Unidos motivaron su participación, entre otros, en la lucha contra Isabel II en Madrid, que probablemente despertó su espíritu de lucha a favor de la justicia social que no lo abandonaría jamás, y ya como revolucionario de vocación internacionalista, en la revuelta contra Guzmán Blanco en Venezuela, recibiendo su bautismo de fuego en la batalla de Petares, en marzo de 1870. Tras esa derrota participa en otras luchas, sufre prisión, y se inicia como poeta y articulista periodístico.

Opuesto a la paz del Zanjón regresa a Cuba en 1879, donde intensificó su actividad intelectual, frecuentó los círculos literarios y llegó a vocal de la Sección de Literatura del Liceo Artístico y Literario de Guanabacoa, dirigida entonces por José Martí, con quien inició una relación profunda y permanente.

De vuelta a Europa y Norteamérica, continuó su ardorosa actividad periodística y literaria e intimó con distintos líderes socialistas de la época sin abandonar sus compromisos con Cuba y con los ideales de igualdad social por los que luchaba.

En 1894, con muy precaria salud, se unió a la propaganda política y revolucionaria de José Martí y Carlos Baliño. En su prédica fundamentaba atinadamente la necesidad, en aquel momento cubano, de postergar la lucha del proletariado contra la explotación burguesa en favor de la lucha contra la metrópoli colonial. El concepto de unidad popular asomaba así en el ideario del intelectual rebelde.

En 1898 regresa a Cuba junto a Carlos Baliño y Ambrosio Borges. Con quienes comienza a publicar el periódico clandestino La Victoria; integra el grupo de redactores del periódico Patria; se vincula con los más prestigiosos líderes obreros y con viejos y prestigiosos dirigentes anarquistas, con quienes analiza la conveniencia de crear un organismo político que agrupase al proletariado.

Trabajando en Patria se entrega a la labor de organizar el Partido Socialista Cubano, febrilmente preocupado, ante todo, por la necesidad de poner fin a la tragedia social que vivían los desposeídos y para lo cual concibió todo un plan más regenerativo que transformador.

El socialismo de Tejera era, en su ingenuidad, un sistema de concepción personal, mezcla de disímiles ideas de aquel tiempo y que aspiraba a la creación, a su juicio, de la república cordial soñada por Martí, mediante la reconstrucción de la nueva vida con el concurso unido de todos los hombres de buena voluntad. Ante la inminencia del nacimiento de la república burguesa, ese pensamiento le ayudó a reconocer la lucha de clases y la necesidad de crear un partido socialista de la clase obrera.

El 1º. de enero de 1899, John R. Brooke, en su proclama como gobernador interventor, llamó al pueblo cubano a olvidar todo lo vivido en aras de una reconstrucción moderada y armónica que asegurase un gobierno benévolo y próspero.

Los distintos sectores societarios se apresuraron a crear organizaciones facilitadoras del nuevo accionar, pero las primeras medidas del gobierno interventor, particularmente perjudiciales para los trabajadores, impusieron la necesidad de un organismo que defendiera sus intereses. Los anarquistas, fieles a las doctrinas ácratas, se opusieron. A pesar de ello se efectuaron varias reuniones de obreros y se emitieron llamamientos que aconsejaban la constitución de un partido político propio, ya que éstos no habían ganado nada con el cambio de cosas.

El 19 de febrero de 1899, ante la cercanía de la Constituyente y de elecciones de un gobierno para la naciente república, se efectuó un mitin en el teatro Martí, convocado por destacados dirigentes de los trabajadores(1). Su objetivo fue constituir un partido político obrero independiente, en el que cupiesen todos los que en esta hermosa Isla viven en dependencia más o menos dura y vergonzosa del capital extraño, el obrero de todas las industrias, el campesino, el mísero artesano, el empleado inferior, el dependiente, todo aquel que en el festín de la riqueza cubana no tenga puesto su cubierto todavía”(2).

Tejera, al usar de la palabra, destacó la oportunidad y urgencia de un partido que, ante las inminencias electorales, representara a la mayoritaria clase obrera con un programa propio, y propuso que el mismo se denominara Partido Socialista Cubano, acordado con sólo 7 votos en contra. También fue elegido asesor de dicha organización, del grupo de redacción de las Bases y el Programa del PSC, y se le encargó la redacción de un manifiesto al pueblo de Cuba que notificara su constitución y sus fines representativos, reivindicativos y políticos.

El 29 de marzo de 1899 vio la luz el Manifiesto del Partido Socialista Cubano, dirigido Al pueblo de Cuba(3). El mismo, ante todo, reconocía que el pueblo cubano acaba de conquistar su independencia tras haber roto las cadenas que lo ataban al caduco imperio español.

Dado que el país se encontraba bajo la intervención estadounidense, se esclarecía que el programa del PSC estaría destinado a mejorar el futuro de la hasta ahora desventurada clase trabajadora (...) luchadora tenaz por la libertad, y que la nueva organización sería un cuerpo político sólido e inquebrantable bajo cuya enseña de agrupen los ciudadanos amantes de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad humanas, que haga posible el establecimiento de una administración pública honesta (...) capaz de fundar una República, como proclamara el apóstol, Con todos y para el bien de todos, garantizando que, mediante dicho partido, a la redención política, suceda la económico social.

Precisaba que la tarea principal del pueblo, agrupado en el PSC bajo la conducción de los trabajadores, era la de construir una verdadera república y no reproducir la repugnante imagen de la colonia antigua (...) bajo los pliegues de la bandera interventora, e impedir que esa gentecilla culta anulara el derecho de los cubanos a la independencia.

Se fijó como otro importante objetivo del PSC, la asunción de la representación popular en el proceso Constituyente, foro donde defendería los intereses del pueblo y especialmente de los trabajadores, presentando, entre otras exigencias: la limitación de la jornada laboral que, además de conllevar la eliminación de la explotación, haría posible que éste dispusiera de tiempo para su enriquecimiento cultural y ponerlo en mejores condiciones para enfrentar y sustituir a aquella importada “gentecilla culta” y también de tiempo para el descanso y el disfrute de la vida familiar. Entre las exigencias a presentar también figuraban la protección de la mujer y del niño y la indemnización de las familias en caso de invalidez o muerte de aquel que garantizaba el sustento familiar. El Manifiesto dejó establecido que, aunque el PSC se adscribía a los principios generales de la doctrina socialista, la Convención del nuevo partido, próxima a celebrarse, adaptaría dicha doctrina a las peculiaridades de nuestra manera de ser y a la naturaleza de nuestros problemas exclusivos, como paso indispensable para iniciar el transito hacia el establecimiento de la transformación radical que necesitaba el país.

El PSC duró poco, seguido en 1900 por el Partido Popular, también fundado por Tejera, y en cuya representación fue delegado a la Convención Constituyente de 1901. Ambas agrupaciones, aunque de efímera duración, fueron los primeros esfuerzos por dotar a las fuerzas populares cubanas de una representación política en la nueva coyuntura histórica, antecesoras del Club de Propaganda Socialista, el Partido Obrero Socialista y el Partido Socialista de Manzanillo por mencionar las más inmediatas.

La muerte de Tejera el 5 de noviembre de 1903 impidió que continuara su labor ideológica y organizadora revolucionaria, pero integró, junto a Carlos Baliño y Agustín Martín Veloz (Martinillo) esa trilogía de cubanos que en los albores de la neocolonia se entregó a la causa de la organización de los trabajadores con sentido clasista; a su preparación teórica; y a la fundación de sus nuevas organizaciones políticas.

Notas:

(1)El manifiesto A los trabajadores de Cuba, fue suscrito por Antonio Feo, José F. Hernández, Francisco Núñez, Alfredo Frigola y Ambrosio Borges.

(2) José Rivero Muñiz: El primer partido socialista Cubano, Univ. Central de Las Villas, 1962, Pp. 45-46.

(3) Diego Vicente Tejera: Textos escogidos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1981, Pp. 86-90.

Temática: Cultura General
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